Andreievich

Andreievich

Permite que todo lo que

ha sido planeado se haga verdad.

 

Permíteles creer.

 

Y permíteles reírse de sus pasiones.

 

Porque lo que ellos llaman pasión,

en realidad no es ninguna energía emocional

 

sino tan solo la fricción entre

sus almas y el mundo exterior.

 

Y lo que es más importante,

eso les permite creer en ellos mismos.

 

Permíteles ser

desvalidos como niños,

 

porque su debilidad es una gran cosa,

y la fuerza no es nada.

 

Cuando un hombre nace,

es débil y flexible.

 

Cuando muere,

es rígido e insensible.

 

Cuando un árbol crece,

es tierno y dúctil.

 

Pero cuando está

seco y rígido, muere.

 

Rigidez y fuerza son

compañeros de la muerte.

 

Ductilidad y vulnerabilidad son

las expresiones de la frescura de ser.

 

Porque lo que se ha

endurecido nunca ganará.

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Conversación

Conversación

¡Eres un bello cielo de otoño, claro y rosado!

pero la tristeza asciende en mí como el mar,

y deja, al refluir, sobre mis morados labios,

el recuerdo hiriente de sus limos amargos.

 

Tu mano recorre en vano por mi pecho agotado;

lo que ella en busca,amiga, es un lugar arrasado

por la garra y el diente feroz de la mujer.

No busques más mi corazón; se lo han devorado las bestias.

 

Mi corazón es un palacio devastado por las turbas,

¡donde se embriagan, se matan, se tiran de los pelos!

¡Un perfume navega alrededor de tu cuello desnudo!…

 

¡Oh Belleza, latigazo duro de las almas, tú lo quieres!

Con tus ojos de fuego, brillantes como fiestas,

¡Quema estos despojos que perdonaron las bestias!

 

 

 

*Poema extraído de Las flores del Mal, por Charles Baudelaire.

Desertio Dei

Desertio Dei

Despertaronme los sonoros lamentos ubicuos de mis hermanos,

cubrianme profundas heridas y hallabame en un suelo extraño,

abiertos ojos lacrimosos pero ausentes las Divinas pupilas;

memento incompleto y fragmentos dispersos evoco de la Gran caída.

 

Mis alas rotas a la morada celeste ya más nunca me retornarán;

mi alma deshauciada se abrasa condenada a este exilio eternal,

y de cada poro brotan lágrimas incendiadas, de espesa sangre negra,

y de ellas cada gota se abre paso, dolorosa cual aguja hacia afuera.

 

Un enorme sol negro domina salvajemente los vastos cielos violentos,

fría y cruel es su luz muerta que inmola al tiempo que roba el calor del cuerpo;

y del cruento firmamento llueven arcángeles envueltos en tenebra y humo y fuego;

luchan fútilmente con las lenguas flameantes que los devoran por dentro.

 

Un intenso olor a azufre e incienso flota en el aire denso y aciago,

nacido de la carne quemada de la legión de ángeles despedazados;

penetra furtivamente en la tierra muerta, cubierta de halos calcinados.

¡Pobres y malditos somos hoy y para siempre los otrora salvos alados!

 

¡Expatriados de los Cielos y arrojados al averno en un revés del funesto hado!

Padre nuestro, si estás en los cielos, ¿por qué nos has abandonado?

 

Extrema unción

Extrema unción

Si consumada la última noche en nuestros cuerpos

te cantara mis penas y amargos lamentos

y añejadas lágrimas inundaran el valle

que yace en medio de tu perfumado pecho

 

Si ya no nos fuera a alumbrar un nuevo alba

o a encender un nuevo ocaso

Si el sol se ahogara para siempre

en la sangre coagulada de mi corazón ahora abierto

 

Si bebieras de mi el trago más amargo

y se arremolinara en torno a tu dulce lengua

mientras su regusto de hiel mi garganta anuda y aprieta

extinguiendo bajo esta bóveda de ébano de mí el último soplo

 

¿Me sostendrías tierna y firmemente mientras me abandona la vida?

¿Absolverías a mi alma indolente del pecado que es su esencia?

Si te revelara en final confidencia mi iniquidad antes de la muerte

¿Sería humillarme frente al amor y su último candor penitencia suficiente?

 

¿Derramarías entonces de entre tus suaves labios la palabra que todo lo cura?

Corazón caído

Corazón caído

Mi corazón penitente yace al fondo de un abismo oscuro

pues de mi pecho herido, sangrante y abierto, al vacío se ha caído

e inexorablemente he tenido que descender a la eterna negrura

y ahora en el fondo yazco con él, cuidando sus latidos

 

A este lugar no lo visitan nunca los rayos del magno dios sol

ni la argentina luz derramada de la melancólica luna puede llegar

tampoco a los luminosos astros he vuelto a encontrar en mi noche sin final

nada halla su camino hasta este mausoleo enterrado en soledad

 

El murmullo del viento no acaricia nunca este suelo

ni el fulgor del rayo ni el rugido del trueno jamás lo han estremecido

su oscuridad está hecha de las sombras de todos los corazones caídos

y nada se escucha más que los lamentos sufrientes, ritmados, de sus latidos

 

Atrapado en este fangoso lodazal amasado entre convulsiones y lágrimas

destino al cielo que ya no veo mis desesperadas plegarias

pues no hay infierno más tortuoso que yacer aquí abandonado al olvido

muriendo siempre pero nunca muerto, abrazado a mi corazón caído.

 

Soliloquium solipsistic solitudinis

Soliloquium solipsistic solitudinis

Dueño de todo el diáfano cielo

será aquel que ama su soledad,

pues solo allí reside la verdad,

el camino del ansiado deshielo.

Y no conocerá jamás el hambre,

pues es quien vive de su propio fuego;

un magno incendio del fatuo ego,

ese que ya no hallará raigambre.

En su hado no acechará la sed,

pues es un manantial inagotable

en aquel desierto interminable,

el cual es la fuente de toda merced.

Y ante nadie se arrodillará

pues él será de sí el único rey;

no obedecerá más que una ley,

la que el silencio le revelará.

Nunca de nada lo podrán despojar,

pues ya que está hecho de libertad,

desposeído por propia voluntad,

todo de sí ha sabido arrojar.

No habrá de afectarlo la muerte

pues ya ha muerto incontables veces,

ardiendo en la hoguera de jueces

que ingenuos quieren torcer su suerte.

Quien a nada ni nadie se ofrece,

no tiene patria ni tampoco padre.

no tiene hogar ni tampoco madre;

sólo a sí mismo se pertenece.

Dueño de propio privado infierno

será aquel que odia su soledad,

pues fuera de sí no hallará verdad,

sino gregario castigo eterno.