Dueño de todo el diáfano cielo

será aquel que ama su soledad,

pues solo allí reside la verdad,

el camino del ansiado deshielo.

Y no conocerá jamás el hambre,

pues es quien vive de su propio fuego;

un magno incendio del fatuo ego,

ese que ya no hallará raigambre.

En su hado no acechará la sed,

pues es un manantial inagotable

en aquel desierto interminable,

el cual es la fuente de toda merced.

Y ante nadie se arrodillará

pues él será de sí el único rey;

no obedecerá más que una ley,

la que el silencio le revelará.

Nunca de nada lo podrán despojar,

pues ya que está hecho de libertad,

desposeído por propia voluntad,

todo de sí ha sabido arrojar.

No habrá de afectarlo la muerte

pues ya ha muerto incontables veces,

ardiendo en la hoguera de jueces

que ingenuos quieren torcer su suerte.

Quien a nada ni nadie se ofrece,

no tiene patria ni tampoco padre.

no tiene hogar ni tampoco madre;

sólo a sí mismo se pertenece.

Dueño de propio privado infierno

será aquel que odia su soledad,

pues fuera de sí no hallará verdad,

sino gregario castigo eterno.

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