Venid hasta el borde

Venid hasta el borde

Venid hasta el borde, les dijo.

Tenemos miedo, podríamos caer.

Venid hasta el borde, les dijo.

Ellos fueron.

Los empujó… y volaron.

 

por Guillaume Apollinaire
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Las sonámbulas

Las sonámbulas

En mi villa natal había una madre y una hija que andaban mientras dormían.

Una noche, mientras el silencio envolvía la tierra, la madre y la hija iban andando dormidas hasta que se encontraron en su jardín oculto por la niebla.

La madre habló primero: “¡Por fin, enemiga mía; por fin puedo decírtelo! ¡Tú has destruido mi juventud y has construido tu vida sobre las ruinas de la mía! Si pudiera, ¡me gustaría matarte!”

Y contestó la hija: “¡Oh, mujer odiosa! ¡Eres egoísta y vieja! ¡Te interpones entre mi libertad y mi yo! ¡Querrías que mi vida no fuera más que un eco de tu vida marchita! ¡Me gustaría verte muerta!”

En aquel momento cantó el gallo, y las dos mujeres se despertaron.

“¿Eres tú, amor mío?”, dijo la madre cariñosa.

“Sí, soy yo, madre querida”, replicó la hija con idéntico amor.

 

por Khalil Gibran

Conversación

Conversación

¡Eres un bello cielo de otoño, claro y rosado!

pero la tristeza asciende en mí como el mar,

y deja, al refluir, sobre mis morados labios,

el recuerdo hiriente de sus limos amargos.

 

Tu mano recorre en vano por mi pecho agotado;

lo que ella en busca,amiga, es un lugar arrasado

por la garra y el diente feroz de la mujer.

No busques más mi corazón; se lo han devorado las bestias.

 

Mi corazón es un palacio devastado por las turbas,

¡donde se embriagan, se matan, se tiran de los pelos!

¡Un perfume navega alrededor de tu cuello desnudo!…

 

¡Oh Belleza, latigazo duro de las almas, tú lo quieres!

Con tus ojos de fuego, brillantes como fiestas,

¡Quema estos despojos que perdonaron las bestias!

 

 

 

*Poema extraído de Las flores del Mal, por Charles Baudelaire.

Nietzsche y el arte

Nietzsche y el arte

En lo concerniente al pensamiento nietzscheneano, en lo tocante a las artes y la estética, al momento de reflexionar, es preciso empezar por dar cuenta de la importancia que atribuye al arte desde los principios de su carrera (y a lo largo de toda ella), privilegiando acusadamente a la tragedia en varios períodos de la misma. Toma así como paradigma a la tragedia griega del alma helénica, para más precisión. De ella dice Nietzsche que podemos notar dos tendencias o impulsos, pulsiones (trieb) contrapuestas pero complementarias, a saber: una pulsión o instinto apolíneo (mesura) y, su contracara, el instinto dionisíaco (desmesura). Si bien estas tendencias se encuentran en otras manifestaciones del arte, el foco que hace este autor sobre la tragedia helénica no es casualidad, en tanto que entiende que ella misma expresa intrínsecamente el pesar del existir a la vez que la voluntad de hacerlo a pesar de todo, y esto con sus efímeros instantes de grandeza o placer. Entonces aquel espíritu Helénico englobaba ambas tendencias. En estas mismas intelecciones se fundamenta su crítica a la supuestamente jovial y bella cultura de la antigua Grecia. Y en esa crítica hace una relación directamente proporcional entre la premura del trieb apolíneo en el devenir griego y la decadencia del arte por el progresivo oblivio del trieb dionisiaco.

Ahora bien, del trieb apolíneo se extraen nociones que tienen que ver con la mesura, la belleza, lo inteligible, lo individual (emparentadas en la obra de Nietzsche con la decadencia de la tragedia y el arte griego, alcanzando a la cultura misma). Por otro lado, del trieb dionisíaco se destaca su esencia de desmesura, embriaguez, fragmentación y eterno retorno de las partes al Uno primordial (figurado excelentemente en el mito del despedazamiento del propio Dionisio a manos de los Titanes), la vida después de la muerte, la metamorfosis y la sensibilidad (que permite ver más allá de la miopía del logos, la palabra, las razones y su pequeño y enclenque mundo lógico y ordenado, tan limitado). Entre estos dos instintos se debate el arte para este héroe del pensamiento. A pesar de privilegiar aparentemente lo dionisíaco, según Friedrich el más grande artista es aquel que alberga dentro de sí ambas corrientes, ambos instintos, y los combina para dar a luz a las más grandes obras, hijas mestizas del orden y el caos, la continuidad y la ruptura, la separación y la unión. De esta combinación surgen las más grandes tragedias. En estas, todo se complementa: la acción y la palabra, la danza y la música, el sufrimiento y el placer, la obra y el público, etc.

Al mismo tiempo y siguiendo con lo anterior, el artista verdadero, según Nietzsche, terminará por volverse él mismo una obra de arte por reconocer en sí mismo aquel eterno retorno de eso misterioso y desconocido que se cierne más allá de la muerte, la Verdad y el nihilismo negativo. Encarna ambas pulsiones y las vehiculiza en su voluntad, en su existir propio, autodominado y autodeterminado, sustentándose en la fuerza, en el sentido que él la entiende.

La Verdad y el nihilismo negativo se encuentran íntimamente relacionadas, en tanto que una es el objeto de búsqueda incansable del logos socrático, y la otra se puede decir que es su resultado. La pasividad se hace carne en el filósofo que contempla el mundo real añorando desentrañar de este el intangible mundo de las ideas perfectas donde moraría la Verdad y la resolución. Al tomar conciencia de la Verdad eternamente evanescente, Nietzsche propone que del supuesto “mundo verdadero” sólo hay sucesivas e infinitas interpretaciones, no hay La Verdad. Es sabido, por ejemplo, que Sócrates desconfiaba de los poetas y los emparentaba penosamente con los sofistas diciendo que tanto los unos como los otros mentían. En la concepción de Nietzsche, se puede decir más bien que ellos (los poetas) ofrecen interpretaciones de la realidad que son, en último término, expresión de la voluntad de poder del artista, que encarnaría la figura del superhombre. Este último, lleva el estandarte de la libertad y la disciplina, de la expresión de su ser, de la plasmación de su esencia y la ontología inmanente a ella. La voluntad de poder se traduce finalmente en un nihilismo positivo, el de quien se reconoce en el eterno retorno y olvida su propia subjetividad, y por la mismísima condición de existir, a pesar de ella y a través de ella, crea. Bien dice algún texto en esta ocasión y a la sazón: “La filosofía de Nietzsche acarrea, para el artista, el premio y el castigo simultáneos de un “arte sin verdad”, exasperadamente vital y necesario”.

La creación vendría a significar para este gran pensador la posición activa frente a este mundo absurdo de apariencias e interpretaciones. Contrario al nihilismo negativo que se abandona en los desiertos estériles del pesimismo o la contemplación ociosa, el artista existe y hace existir. Esta es su forma de enfrentarse y vivir en este mundo. Tal vez sea por eso que Nietzsche le concede el lugar más importante, inclusive por encima de la filosofía misma. Propone la figura del Artista-filósofo que, nunca mejor dicho que en esta cita, “reconoce la insensatez del devenir (…), se instala en ella y crea nuevos valores”. Este filósofo-artista será el que tenga como destino y posibilidad transmutar los valores caducos y decadentes del viejo mundo para dar vida a una nueva sociedad despojada del endiosado mundo de las ideas (y las consecuentes ideologías que nunca permiten la emancipación del espíritu humano, que se ha tornado dependiente) que tanto mal le han hecho a Europa y luego a todo Occidente. Es tarea del artista, entonces, traer el nuevo mundo a este mundo decrépito, con su vigor y fuerza irrefrenable, valiéndose de su recalcitrante necesidad de sublimar. Un mundo que se erige y se fundamenta sobre los valores del autodominio y la voluntad de poder. Hombres dueños de sí mismos, que crean, que se inventan a sí mismos, inventando arte. Dios ha muerto, y la responsabilidad de crear recae sobre nosotros, sobre los que tenemos la voluntad de poder para construir a través del arte un nuevo orden despojado de idealismos y absolutismos.

Sobra decir que defensores del arte como Nietzsche ha habido demasiado pocos en la historia universal. Su entendimiento del arte como movimiento dialéctico entre creación y hermenéutica han emancipado al arte del rigor y el yugo implacable del aséptico Logos que busca ciegamente entender y traducir todo lo que toca, por más inefable que sea.

Considero, en efecto, muy oportuno dar cierre a esta reflexión, ciertamente acotada, con una cita de Giorgio de Chirico que nos ilustra con elocuencia al decir: “El arte se liberó gracias a los filósofos y poetas modernos. Schopenhauer y Nietzsche fueron los primeros en enseñar el hondo significado del ‘no sentido’ de la vida, y en enseñar cómo ese sin sentido podía transformarse en arte”.

El sexto sello

El sexto sello

Y seguí viendo. Cuando abrió el sexto sello, se produjo un violento terremoto; y el sol se puso negro como un paño de crin, y la luna toda como sangre,

 

y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera suelta sus higos verdes al ser sacudida por un viento fuerte;

 

y el cielo fue retirado como un pergamino que se enrolla, y todos los montes y las islas furon removidas de sus asientos;

 

y los reyes de la tierra, los magnates, los tribunos, los ricos, los poderosos, y todos, esclavos o libres, se ocultaron en las cuevas y en las peñas de los montes.

 

Y dicen a los montes y las peñas: “caed sobre nosotros” y ocultadnos de la vista del que está sentado en el trono y de la cólera del Cordero.

 

Porque ha llegado el Gran día de su cólera y ¿quién podrá sostenerse? 

 

 

Apocalipsis, 6, 12-17

Pájaro Azul

Pájaro Azul

Hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie
te vea.

Hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que esté ahí dentro.

Hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres
hacerme un lío?
¿es que quieres
mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros
en Europa?

Hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.

Luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú?

Poema de Charles Bukowski.

Desertio Dei

Desertio Dei

Despertaronme los sonoros lamentos ubicuos de mis hermanos,

cubrianme profundas heridas y hallabame en un suelo extraño,

abiertos ojos lacrimosos pero ausentes las Divinas pupilas;

memento incompleto y fragmentos dispersos evoco de la Gran caída.

 

Mis alas rotas a la morada celeste ya más nunca me retornarán;

mi alma deshauciada se abrasa condenada a este exilio eternal,

y de cada poro brotan lágrimas incendiadas, de espesa sangre negra,

y de ellas cada gota se abre paso, dolorosa cual aguja hacia afuera.

 

Un enorme sol negro domina salvajemente los vastos cielos violentos,

fría y cruel es su luz muerta que inmola al tiempo que roba el calor del cuerpo;

y del cruento firmamento llueven arcángeles envueltos en tenebra y humo y fuego;

luchan fútilmente con las lenguas flameantes que los devoran por dentro.

 

Un intenso olor a azufre e incienso flota en el aire denso y aciago,

nacido de la carne quemada de la legión de ángeles despedazados;

penetra furtivamente en la tierra muerta, cubierta de halos calcinados.

¡Pobres y malditos somos hoy y para siempre los otrora salvos alados!

 

¡Expatriados de los Cielos y arrojados al averno en un revés del funesto hado!

Padre nuestro, si estás en los cielos, ¿por qué nos has abandonado?